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el sabroso oficio / del dulce mirar GóngoraWie schwer es ist, die Schönheit zu begreifen! Günter Eich

lunes, 31 de agosto de 2009

"Siempre la claridad viene del cielo" (Claudio Rodríguez)

Fotografía de Ángel Calahorra

I

Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.

Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!

Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?

Y, sin embargo -esto es un don-, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.

Claudio Rodríguez



Éste es el primer poema de ese libro prodigioso titulado Don de la ebriedad, comenzado a escribir por Claudio Rodríguez a los 17 años "andando por el campo" y con el que ganó el Premio Adonais en 1953.


Ahora que agosto es casi recuerdo, nos encomendamos a las palabras de Claudio.




Se acaba el verano


Fotografía de Daniel Southard

Aprovechemos para un último chapuzón...



domingo, 30 de agosto de 2009

Dix por Sander, Erfurth y él mismo

Fotografía de August Sander


Fotografía de Hugo Erfurth




Autorretratos de Max Beckmann

1938-40

1927

1923

1922

1921

1919

Antes de la Primera Guerra Mundial

Max Beckmann a finales de los años 20, por Hugo Erfurth


Max Beckmann (1884-1950) fue uno de los más destacados pintores expresionistas alemanes.



(Cuadros y foto, en Ras Morley)



sábado, 29 de agosto de 2009

George Hoyningen-Huene






El fotógrafo Horst P. Horst





Lee Miller


Katharine Hepburn


Coco Chanel


George Hoyningen-Huene (1900-1968) es uno de los fotógrafos de mayor talento que trabajó en Paris en los años 20-30. Nacido en San Petersburgo, no se dedica a la fotografía hasta que se instala en Paris en 1920. Su afición artística roza varios campos, empezó estudiando pintura, se aproximó también al mundo del cine como figurante, en el campo de la moda dio también sus pasos como diseñador y en esos años empieza a aficionarse por la fotografía. En 1925 empieza a trabajar para Vogue y a partir de ahí su éxito será arrollador.

Una de sus obras más conocidas es “Bañadores Izod” 1930 (la primera fotografía), en ella están presentes los dos rasgos que mejor definen toda su obra:

1. Su profunda admiración por el arte clásico, especialmente por la escultura griega y que le ayuda a que los modelos adopten posturas de una gran plasticidad con un sentido casi escultórico. Representan un ideal de belleza y por eso la expresión de sus rostros esta ausente.

2. Envuelve a los personajes en una atmósfera de silencio, de misterio muy surrealista y que concede un talante un tanto inquietante, pero que ejerce una irresistible atracción sobre el espectador.

Emigra a Norteamérica en 1935. Primero vivió en Nueva York y allí trabajó para Harper´s Bazaar y después se trasladó a Hollywood donde, además de retratar a las estrellas de cine, produjo también algunos cortometrajes.

(Datos de www.fotothing.com)


viernes, 28 de agosto de 2009

La Habana para un infante difunto (Guillermo Cabrera Infante)

Fotografía de Marco Paoluzzo

Al escritor cubano Guillermo Cabrera Infante (1929-2005) le gustaba mucho jugar con las palabras y en su obra encontramos abundantes testimonios de esa pasión. De hecho, el título de su novela La Habana para un infante difunto (1979) está construído sobre el título de una pieza para piano, obra de Maurice Ravel, la "Pavana para una infanta difunta".

Cuando tenía 12 años, la familia de Cabrera Infante se traslada desde la provincia de Oriente a La Habana, donde "muere" el niño que era y despierta a las turbulencias de su adolescencia en la capital cubana.

Éste es el primer párrafo de la novela:


Era la primera vez que subía una escalera: en el pueblo había muy pocas casas que tuvieran más de un piso y las que lo tenían eran inaccesibles. Este es mi recuerdo inaugural de La Habana: ir subiendo unas escaleras con escalones de mármol. Hay la memoria intermedia de la estación de ómnibus y el mercado del frente, la plaza del Vapor, arcadas ambas, colmadas de columnas, pero en el pueblo también había portales. Así mi verdadero primer recuerdo habanero es esta escalera lujosa que se hace oscura en el primer piso (tanto que no registro el primer piso, sólo la escalera que tuerce una vez más después del descanso) para abrirse, luego de una voluta barroca, al segundo piso, a una luz diferente, filtrada, casi malva, y a un espectáculo inusitado. Enfrente (para este momento mi familia había desaparecido ante mi asombro) un pasillo largo, un túnel estrecho, un corredor como no había visto nunca antes, al que se abrían muchas puertas, perennemente abiertas, pero no se veían los cuartos, el interior oculto por unas cortinas que dejaban un espacio, largo, arriba y otro tramo, corto, abajo. El aire movía los telones de distintos colores que no dejaban ver las funciones domésticas: aunque era pleno verano, temprano en la mañana había fresco y una corriente venía del interno. El tiempo se detuvo ante aquella visión: con mi acceso a la casa marcada Zulueta 408 había dado un paso trascendental en mi vida: había dejado la niñez para entrar en la adolescencia. Muchas personas hablan de su adolescencia, sueñan con ella, escriben sobre ella, pero pocos pueden señalar el día que comenzó la niñez extendiéndose mientras la adolescencia se contrae -o al revés. Pero yo puedo decir con exactitud que el 25 de julio de 1941 comenzó mi adolescencia. Por supuesto que seguiría siendo un niño mucho tiempo después, pero esencialmente aquel día, aquella mañana, aquel momento en que enfrenté el largo corredor de cortinas, contemplando la vista interior que luego asustaría hasta un veterano de la vida bohemia, el pintor primitivo Cherna Bue, que visitó la casa mucho tiempo después y se negó de plano a quedarse en ella un momento siquiera, espantado por la arquitectura de colmena depravada que tenía el edificio, aquel a cuya formidable entrada había un anuncio arriba que decía: «Se Alquilan Habitaciones -Algunas con Días Gratis- Apúrense mientras quedan», ese día preciso terminó mi niñez. No sólo era mi acceso a esa institución de La Habana pobre, el solar (palabra que oí ahí por primera vez, que aprendería como tendría que aprender tantas otras: la ciudad hablaba otra lengua, la pobreza tenía otro lenguaje y bien podía haber entrado a otro país: tiempo después, cuando llegaron las etimologías, aprendí que solar era una mera degradación de casa solariega, la palabra cortada, el edificio transformado en falansterio) sino que supe que había comenzado lo que sería para mí una educación.



Azul del Egeo

Fotografía de depinniped


Cegados por la luz del Egeo...


jueves, 27 de agosto de 2009

A una chica con gafas de sol (Antonio Méndez Rubio)

Fotografía de Reto Togni Pogliorini


A UNA CHICA CON GAFAS DE SOL

Frente a ella —así ofrecida—
en este bar decorado con maderos viejos
descubro entre copas
el resto de sus hombros,
la imposible distancia a su cadera
y los tobillos
derramando su propia incontinencia
en cada gesto
el sueño que aguardaba y que ya goza.

Reconoce
que el tiempo y la impaciencia son lo mismo.
Consiste la cuestión
en esperar a verla
dispuesta a pronunciar una palabra,
una sola palabra y será mía.

Ella, mi adorada,
mientras de fondo bailan “Los toreros muertos”,
lo sabe bien, y así (sin ojos), prefiere
la intratable obediencia del que calla.
Toda la belleza.
Mi adorada...

Antonio Méndez Rubio


"...la intratable obediencia del que calla" (!). Para leer más versos de Antonio Méndez Rubio y de otros excelentes poetas, junto con sus poéticas, esta antología: Feroces. Radicales, marginales y heterodoxos en la última poesía española, Selección de Isla Correyero, DVD Ediciones, 1ª ed. 1998.



miércoles, 26 de agosto de 2009

Para entonces (Manuel Gutiérrez Nájera)

Fotografía de Álvaro Ibáñez del Pino ©

PARA ENTONCES

Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo,
donde parezca sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.

No escuchar los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz, triste, retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira:
algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven: antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona;
cuando la vida dice aún: soy tuya,
aunque sepamos bien que nos traiciona.

Manuel Gutiérrez Nájera



Manuel Gutiérrez Nájera (1859-895), escritor y periodista mexicano, nació y vivió en la Ciudad de México, de la cual fue vivo y observador cronista.

Escribió poesía romántica y amorosa. Gustó de lo afrancesado y de lo clásico, como era habitual en los intelectuales mexicanos y la alta sociedad de su tiempo. Nunca salió de México, y en pocas ocasiones de su ciudad natal, pero sus influencias son europeas: Musset, Gautier, Baudelaire, Flaubert, Leopardi. Siempre anheló unir el espíritu francés y las formas españolas.





martes, 25 de agosto de 2009

Bomarzo (Manuel Mujica Láinez)

Parque de los Monstruos en Bomarzo (Viterbo)

Sandro Benedetto, físico y astrólogo de mi pariente el ilustre Nicolás Orsini, condottiero a quien, después de su muerte, compararon con los héroes de la Ilíada, trazó mi horóscopo el 6 de marzo de 1512, día en que nací a las dos de la mañana, en Roma. Treinta y siete años antes, el mismo de marzo pero de 1475, a las mismas dos de la mañana, había visto la inquieta luz del mundo en una aldea etrusca Miguel Ángel Buonarotti. La concordancia no fue más allá de un fortuito coincidir de horas y de fechas. En verdad, los astros que presidieron nuestras respectivas apariciones en el ajedrez de la vida, dispusieron sus piezas en el tablero para muy distintas jugadas. Cuando nació Buonarotti, Mercurio y Venus ascendían, triunfales, desnudos, hacía el trono de Júpiter. Era el baile del cielo, la contradanza mitológica que recibe a los creadores casi divinos. La gloria aguardaba al que abría los ojos bajo ese esplendor que transformaba al firmamento en un salón encendido, todo candelabros, entre los cuales flotaban, transparentes, pausados y ceremoniosos, los dioses elevados en el centelleo del aire. En cambio cuando yo nací, Sandro Benedetto señaló importantes contradicciones en la cartografía de mi existencia. Es cierto que el Sol en signo de agua, reforzado con mi buen aspecto ante la Luna, me confería poderes ocultos y la visión del más allá, con vocación para la astrología y la metafísica. Es cierto que Marte, regente primitivo, y Venus, ocasional, de la Casa VIII, la de la Muerte, estaban instalados, de acuerdo con lo que Benedetto subrayó insistentemente, en la Casa de la Vida y anulados para la muerte y que en buen aspecto con el Sol y la Luna, parecían otorgarme una vida ilimitada —cosa que extrañó a cuantos vieron el decorado manuscrito— y que Venus, bien situada frente a los luminares, indicaba facilidad para las invenciones artísticas sutiles. Pero también es tremendamente cierto que el maléfico Saturno, agresivamente ubicado, me presagiaba desgracias infinitas, sin que Júpiter, a quien inutilizaba la ingrata disposición planetaria, lograra neutralizar aquellas anunciadas desventuras. Lo que sorprendió sobremanera al físico Benedetto y a cuantos, enterados de estas cosas graves, vieron el horóscopo, fue, como ya he dicho, el misterio resultante de la falta de término de la vida —de mi vida— que se deducía de la abolición de Venus y de Marte frente a la necesidad lógica de la muerte y, consecuentemente, la supuesta y absurda proyección de mi existencia a lo largo de un espacio sin límites. (...)


Bomarzo (1962), la obra cumbre de Manuel Mujica Láinez, recrea la vida de un noble italiano del siglo XVI: el duque Pier Francesco Orsini, el "contrahecho, cínico e intrigante". Su drama se desarrolla en el ambiente trágico y sensual del Palacio Orsini y el célebre bosque de los monstruos de Bomarzo, próximos a la ciudad de Viterbo. Los numerosos personajes históricos, evocados por las confesiones del duque, componen un minucioso fresco del Renacimiento italiano.

Con Bomarzo, Mujica Láinez inicia un nuevo ciclo de obras eruditas y de la novela de lo fantástico en el molde de la novela histórica.

La figura histórica de Pier Francesco Orsini, inspirador del protagonista de la novela, en Wikipedia.

Manuel Mujica Láinez (1910-1984) fue un escritor, biógrafo, crítico de arte y periodista argentino.




lunes, 24 de agosto de 2009

La calle Pandrossou (Jaime Gil de Biedma)

Calle Pandrossou (Fotografía de Stefano Vigorelli)


LA CALLE PANDROSSOU

Bienamadas imágenes de Atenas.

En el barrio de Plaka,
junto a Monastiraki,
una calle vulgar con muchas tiendas.

Si alguno que me quiere
alguna vez va a Grecia
y pasa por allí, sobre todo en verano,
que me encomiende a ella.

Era un lunes de agosto
después de un año atroz, recién llegado.
Me acuerdo que de pronto amé la vida,
porque la calle olía
a cocina y a cuero de zapatos.

Jaime Gil de Biedma



"Llego donde fui joven un día" (Joaquim Manuel Magalhães)

Fotografía de Bernardo Pinedo

Llego donde fui joven un día.
Las ciudades pertenecen a la cal vieja,
a las paredes con nombres indelebles.
A nosotros no, ni a los árboles que mueren.

Tengo frío.
Algunos poetas me visitan
los oigo con los ojos.
La inteligencia está en las manos,
les digo, ninguno
iguala lo que les pido.

Del otro lado, ¿quién nos llama?


Joaquim Manuel Magalhães


Chego onde fui novo um dia.
As cidades pertencem à cal velha,
às paredes com nomes indeléveis.
A nós não, nem às árvores que morrem.

Tenho frio.
Alguns poetas visitam-me
ouço-os com os olhos.
A inteligência está nas mãos,
digo-lhes, nenhum
iguala o que lhes peço.

Do outro lado quem nos chama?


Alguns livros reunidos (Joaquim Manuel Magalhães), Contexto, Lisboa, 1987


“Este volumen recoge, con innumerables alteraciones, lo que pretendo conservar de los poemas que escribí desde Envelope (1974) hasta Alguns antecedentes mitológicos (1985), con excepción de Os dias, pequenos charcos y de Segredos, sebes, aluviões que permanecen como obras autónomas (lo que dejará, a partir de ahora, de ocurrir a cualquiera de las otras)”

Algunos datos, en portugués, sobre Joaquim Manuel Magalhães, uno de los nombres más destacados de la poesía y la crítica portuguesa contemporáneas, y que ha dado a conocer en el país vecino a un buen número de nuestros mejores poetas en ediciones bilingües: Última poesia espanhola (1995), Poesia espanhola de agora (1997), Trípticos Espanhóis 1º (1998), Trípticos espanhóis 2º (2000) y Poesia espanhola, anos 90 (2000), todos en Relógio d'Água Editores.


(Traducido por El transcriptor)


Stuart O'Sullivan



Fotografías de Stuart O'Sullivan



domingo, 23 de agosto de 2009

Cuatro Helenas


Teseo llevándose a Helena. Ánfora ática de figuras rojas. Siglo VI a. C.


Crátera ática de figuras rojas (detalle de la cabeza de Helena). 450-440 a. C.


Helena y Paris. Crátera de figuras rojas. 380-370 a. C




Tres versiones clásicas de Helena para acompañar a la hermosa Helena de Frederick Sandys, pintada en 1867.


Frederick Sandys














Frederick Sandys (1829-1904) fue un pintor, ilustrador y delineante prerrafaelista británico asociado a la época victoriana. Sus trabajos se centraban en la mitología y los retratos.


sábado, 22 de agosto de 2009

Flor Garduño
























Flor Garduño es una fotógrafa mexicana nacida en México D.F. en 1957, cuya obra puede encontrarse en las colecciones del Museum of Modern Art de New York, el Art Institute de Chicago, la Bibliothèque Nationale de París, el Ludwing Museum de Colonia, el Stiftung für Photographie de Zurich, además de en colecciones privadas.