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el sabroso oficio / del dulce mirar Góngora – ¡Qué difícil es entender la belleza! Günter Eich

sábado, 29 de julio de 2017

Aurora Luque y Borges



Es julio, abro al azar Fabricación de las islas (poesía y metapoesía), de Aurora Luque, y leo…


Es agosto. Abro a Borges y me encuentro el poema “Herman Melville” (Siempre fue suyo el mar).
Lo vuelvo a abrir el día de mi cumpleaños y encuentro “A quien ya no es joven”.
Si lo abriera Teseo, ¿encontraría “La espera”? (Antes que suene el presuroso timbre…)? Sé que sí.


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Estos son los poemas de Borges:


HERMAN MELVILLE

Siempre lo cercó el mar de sus mayores,
los sajones, que al mar dieron el nombre
Ruta de la ballena, en que se aúnan
las dos enormes cosas, la ballena
y los mares que largamente surca.
Siempre fue suyo el mar. Cuando sus ojos
vieron en alta mar las grandes aguas
ya lo había anhelado y poseído
en aquel otro mar, que es la Escritura,
o en el dintorno de los arquetipos.
Hombre, se dio a los mares del planeta
y a las agotadoras singladuras
y conoció el arpón enrojecido
por Leviathán y la rayada arena
y el olor de las noches y del alba
y el horizonte en que el azar acecha
y la felicidad de ser valiente
y el gusto, al fin, de divisar a Ítaca.
Debelador del mar, pisó la tierra
firme que es la raíz de las montañas
y en la que marca un vago derrotero,
quieta en el tiempo, una dormida brújula.
A la heredada sombra de los huertos,
Melville cruza las tardes de New England
pero lo habita el mar. Es el oprobio
del mutilado capitán del Pequod,
el mar indescifrable y las borrascas
y la abominación de la blancura.
Es el gran libro. Es el azul Proteo.



A QUIEN YA NO ES JOVEN

Ya puedes ver el trágico escenario
y cada cosa en el lugar debido;
la espada y la ceniza para Dios
y la moneda para Belisario.

¿A qué sigues buscando en el brumoso
bronce de los hexámetros la guerra
si están aquí los siete pies de la tierra,
la brusca sangre y el abierto foso?

Aquí te acecha el insondable espejo
que soñara y olvidará el reflejo
de tus postrimerías y agonías.

Ya te cerca lo último. Es la casa
donde tu lenta y breve tarde pasa
y la calle que ves todos los días.



LA ESPERA

Antes que suene el presuroso timbre
y abran la puerta y entres, oh esperada
por la ansiedad, el universo tiene
que haber ejecutado una infinita
serie de actos concretos. Nadie puede
computar ese vértigo, la cifra
de lo que multiplican los espejos,
de sombras que se alargan y regresan,
de pasos que divergen y convergen.
La arena no sabría numerarlos.
(En mi pecho, el reloj de sangre mide
el temeroso tiempo de la espera.)

Antes que llegues,
un monje tiene que soñar con un ancla,
un tigre tiene que morir en Sumatra,
nueve hombres tienen que morir en Borneo.



Fabricación de las islas (poesía y metapoesía), de Aurora Luque. Pre-Textos, 2014




(Fotografía de David Bueno, 1983)


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